Podríamos decir que en objetivo principal del karate es el control de las técnicas de autodefensa. Aún así, esto es solo una parte del tema.

Cuando el karate comenzó a conocerse en Japón, el sistema de enseñanza no estaba desenvuelto y cada maestro enseñaba sus conocimiento a su forma.

La forma tradicional de enseñar, dando la mayor importancia al dominio de los kata y sin enseñar muchas técnicas de lucha, aburria a los alumnos.

Por eso, y aunque muchos maestros estaban en desacuerdo, los alumnos crearon su propio sistema de lucha, el Jiyu Kumite ( que significa combate libre).

En la actualidad, en Japón como en la mayor parte de los países donde se práctica, el Jiyu Kumite es la parte más importante del karate.

La diferencia entre enseñanza tradicional (con katas) y la práctica de combate (kumite), divide hoy el mundo del karate en dos variantes: karate como deporte y karate como arte. Las dos son totalmente válidas, aunque la segunda esté mucho mas extendida, pero plantean algunos problemas.

El karate como deporte es tanto asombroso como peligroso. Y dejando a un lado el hecho de la probabilidad de accidentes, resulta incompleto en dos sentidos:

A nivel técnico, poco a poco se filtran y se van dejando a un lado aquellas técnicas que no son útiles en competición, pese a que fuera de un ring, y sin árbitros, pueden ser más prácticas.

A nivel mental, si solo se aprenden técnicas de lucha, dando importancia a ganar una competición, todos los beneficios que trae consigo la práctica del karate, se reducen al beneficio sobre la salud de la practica regular de un deporte, sin otro desarrollo colateral del carácter y autocontrol.

En cambio el karate artístico tradicional, resulta un poco más aburrido para la mayoría de la gente. Los beneficios de la repetición monótona y continuada de la kata no se digiere hasta después de mucho tiempo de práctica.

Por esa razón, hoy en día el karate de competición es el que se utiliza en la mayoría de gimnasios.